¿Por Qué Superar una Infidelidad Parece Imposible? (1a Parte)

Los 4 golpes a la estabilidad psicológica de quien 
descubre una infidelidad.

Psic. José Manuel Lomelí  
Tiempo Aproximado de Lectura:   7 minutos  
Dos de las situaciones que más ponen en riesgo la estabilidad de una relación de pareja son: la infidelidad  y la violencia intrafamiliar. Cualquier terapeuta conyugal sabe que cuando una pareja se presenta con alguno de estos problemas, será necesario hacer uso de todos sus conocimientos y experiencia para poder ayudar a las personas que lo consultan. Esto, debido a que la infidelidad es un suceso que deja hondas huellas en la mente de la persona engañada, por lo que habrá que evaluar el grado de profundidad y de daño ocasionado.

Dentro de este texto, el concepto de infidelidad deberá entenderse como la ruptura del compromiso de exclusividad (sexual y/o afectiva) que ocurre dentro de una relación de pareja. En este sentido, y de acuerdo con las creencias culturales más difundidas, por lo general se piensa que dos personas forman una pareja cuando han construido un proyecto de vida en común que suele ir acompañado de un sentimiento de pertenencia mutua, así como de un acuerdo por hacer que dicho proyecto funcione y crezca. La gran mayoría de las veces, tanto el proyecto como el compromiso, son comunicados a la sociedad, quien a su vez los legitima por medio del matrimonio y otra serie de contratos y rituales.
 
De igual forma, en ciertas culturas se da por implícito que una relación de pareja deberá funcionar bajo normas monogámicas, es decir, ambos miembros mantendrán exclusividad (sexual y/o afectiva). Sin embargo, esta expectativa no siempre se cumple, dando pie a diversos cuestionamientos y debates como el que Peggy Vaughan expone cuando habla de “El Mito de la Monogamia”. Según explica en su libro, la creencia de que la mayoría de las relaciones comprometidas serán monógamas tiene como consecuencia que cuando ocurre una infidelidad, ésta se percibe como si fuera un fracaso individual. Y este es justo el punto de partida para explicar por qué superar una infidelidad termina siendo un proceso tan duro y doloroso para la mayoría de la gente.

Antes de proseguir, quiero aclarar que el objetivo de este texto no es debatir sobre si la monogamia debiera de ser la norma o no, o si es posible permanecer fiel o no, sino simplemente señalar un suceso que posee un peso enorme para explicar por qué para muchas personas superar una infidelidad es una tarea titánica y “casi imposible” de lograr. 

Para poder entender con mayor claridad el grado de dificultad para sobreponerse a un evento de esta naturaleza, es importante entender los 4 golpes a la estabilidad psicológica y emocional que vive quien descubre una infidelidad. Cabe aclarar que lo que describiré a continuación es un proceso complejo pero que, por cuestiones de espacio, resumiré en 3 etapas: el descubrimiento de la infidelidad, la atribución y el impacto. 


1.- El Descubrimiento de la Infidelidad

Como lo mencioné renglones arriba, se espera que la fidelidad sea la norma en las relaciones de pareja comprometidas. Dicha expectativa contribuye a que la infidelidad sea percibida como un Evento Altamente Estresante (E.A.E). Este nombre aplica para “todos aquellos acontecimientos en la historia de vida de una persona que le generan la necesidad de adaptarse” (Sutin, Costa, Wethington & Eaton, 2010). Cuando un acontecimiento sale de los límites de lo habitual, de lo cotidiano o de lo “normal”, tiene el potencial de generar estrés. Por ejemplo: la cuarentena impuesta por la pandemia del coronavirus en muchas ciudades tiene el potencial de convertirse en un E.A.E. 

Así, descubrir el engaño de la pareja indica que han ocurrido cambios importantes en la relación que necesitarán de un nuevo tipo de respuesta ya que no se puede seguir actuando como si nada hubiera pasado. Sin cambio no hay adaptación. En este sentido, es importante mencionar también que la forma en la que se descubrió la infidelidad de la pareja puede empeorar o atenuar (aunque sea un poco) el grado de estrés generado por el descubrimiento. 
2.- La Atribución (o la búsqueda de las causas).

Luego de que la persona ha descubierto el engaño, su mente intentará por todos los medios encontrar una respuesta clara y coherente que le permita entender las causas de la infidelidad de su pareja. El término atribución se refiere al conjunto de razones que la persona utiliza para explicarse a sí misma cómo y por qué ha ocurrido el engaño. En general, nuestra mente se basa en cuatro parámetros para poder llegar a una conclusión que le dé sentido al evento estresante. Dichos parámetros se establecen a su vez al responder 4 preguntas clave:

a) Primer parámetro: ¿qué tanto influí yo en tu decisión de ser infiel? Aquí básicamente la persona intenta entender si su comportamiento tuvo algo que ver para que su pareja tomara la decisión de involucrarse con alguien más o no. En palabras más simples, la mente intenta hallar al culpable preguntándose: ¿quién es el responsable de que la relación se haya deteriorado al grado de permitir que algo así ocurriera?

La respuesta a esta pregunta ayudará a predecir la fuerza del primer impacto contra la estabilidad psicológica de la persona engañada, así como el nivel de resistencia que su autoestima mostrará ante la infidelidad. Lamentablemente, para responder a esta pregunta se requiere de un diálogo sincero y respetuoso entre ambos miembros de la pareja, cosa que casi nunca sucede durante las primeras etapas posteriores al descubrimiento. A eso hay que agregarle que la mayoría de las veces, la persona infiel tiende a asumir una actitud defensiva, acusando a la pareja de haber promovido involuntariamente la infidelidad con sus “descuidos”. La suma de estos factores trae como consecuencia que el equilibrio psicológico de la parte engañada empiece a tambalearse.

b) Segundo parámetro: la respuesta a la pregunta anterior nos lleva al siguiente cuestionamiento: ¿cuánto control tengo sobre tu comportamiento infiel? Cuando llegamos a la conclusión de que nuestras acciones están muy relacionadas con las consecuencias que obtenemos en la vida, podemos sentir que tenemos el poder de cambiar lo que nos sucede. “Si cambio mi conducta, podré cambiar los resultados” – nos decimos a nosotros mismos, lo cual propicia cierta sensación de autoeficacia, que a su vez aumenta nuestra confianza y autoestima.

Sin embargo, en una infidelidad llegar a esta conclusión pone a la persona engañada en una situación paradójica. “Si termino por aceptar que tu infidelidad es una consecuencia de mis acciones, entonces eso querría decir que yo soy culpable de mi propio sufrimiento”. Nadie que esté enfrentando un E.A.E se sentirá mejor si llega a semejante conclusión. Así, la persona engañada termina en un callejón sin salida ya que no puede evitar llegar a alguna de dos conclusiones: “si yo contribuí a tu infidelidad entonces significa que soy una persona mala o incompetente; pero si no, entonces significa que no tendré control sobre esta amenaza y me sentiré permanentemente amenazada”. La trampa se ha cerrado. Segundo gran golpe a su estabilidad y equilibrio psicológico.

Se ha visto que las personas deprimidas tienden a pensar que no importa cuánto cambien su conducta, los resultados seguirán siendo siempre los mismos. Normalmente, la obsesión que la persona engañada siente por controlar a su pareja es un intento (desesperado e ineficaz) por tratar de recuperar algo de su sensación de competencia y autoestima. El problema con esta actitud es que, a mayor intento por controlar a la parte infiel, más se resistirá ésta para proteger su libertad, incluso si eso implica seguir ocultando cosas. En consecuencia, la sensación de falta de control sobre los eventos se agudiza. Por tanto, como puedes ver ahora, la depresión es una respuesta emocional muy común ante una infidelidad. Sin embargo, el hecho de sentirme poco competente para hacer que mi pareja renuncie a la otra relación no significa que carezca de la habilidad necesaria para poner algo de orden dentro del caos.
c) El tercer parámetro en el que la mente se apoya para atribuir las causas de una infidelidad es la globalidad. Este aspecto se refiere a que tan extendidos están los problemas que contribuyeron a la infidelidad. No es lo mismo tener una humedad en unos cuantos centímetros cuadrados de la pared del baño, que tener todo el techo de la sala o la cocina invadido de goteras. La pregunta para este parámetro suele ser: ¿qué tan mal estamos? Así, la globalidad se refiere a que tan infiltrado está el conflicto en las distintas esferas de la relación de pareja. Por decirlo de manera muy simplista: si atribuyes tu infidelidad a que no te doy los buenos días todas las mañanas, es algo más fácil de resolver a que si lo atribuyes a mi “mal humor”, a “mi neurosis” o a que “nunca se puede sostener un diálogo conmigo”.

Desgraciadamente, y para complicar más las cosas, muchas personas infieles tienden a apoyarse de explicaciones más globales y difusas cuando son cuestionadas sobre sus razones para engañar. Echarle la culpa a “tu forma de ser”, es algo demasiado ambiguo como para que alguien sepa exactamente qué es lo que necesitaría cambiar de su comportamiento para disminuir el conflicto. De igual forma, esto suele ser sólo un intento desesperado de quien ha engañado para darle a su infidelidad algo de “validez”. Debido a que se piensa que la monogamia es la norma, la persona infiel siente que necesita reunir un buen número de “razones de peso” para intentar darle cierta congruencia a su actuar. Decir: “te fui infiel porque no me gusta como preparas el agua de limón”, no suena a una explicación muy legítima que digamos.

En el trabajo con parejas que enfrentan una infidelidad es muy común encontrarse con este problema. Si el terapeuta no pone atención a esto, es muy probable que la sesión se convierta en una cascada de justificaciones poco claras que sólo enredan más un problema (ya de por sí) sumamente complejo. En mi experiencia profesional, la mayoría de las veces he visto que así es como las parejas intentan “hablar y resolver” el problema de la infidelidad. No es de sorprender que terminen sintiendo que nada podrá ayudarlos a salir del atolladero.

Asimismo, la falta de precisión puede ser un intento de la persona infiel para evadir la intimidad o el compromiso (“no quiero decirte específicamente cuál es el problema que percibo en nuestra relación, no sea que lo quieras arreglar y entonces ya no tendría justificación para estar con la otra persona”). Así, la falta de claridad, aunada a la frustración por no entender cabalmente qué tan grave y profundo es el conflicto que tenemos, dan forma al tercer gran golpe a la estabilidad psicológica y emocional.

d) Finalmente, el cuarto parámetro que nuestra mente utiliza se refiere a la estabilidad o duración del problema. En otras palabras, la persona engañada se pregunta: ¿las causas que alimentan tu infidelidad durarán mucho tiempo? Por eso, no es de sorprender que una de las principales preguntas que la parte engañada le hace a su pareja infiel sea: ¿desde cuándo me engañas? De ahí que el impacto no sea el mismo cuando se trata de una “cana al aire” ocurrida una sola vez, a cuando se trata de una relación de mucho tiempo y con un alto nivel de involucramiento emocional. La respuesta a dicha pregunta determinará la fuerza del cuarto impacto a la estabilidad psicológica y emocional.

Por el momento, hasta aquí llego con este texto. La fase sobre "el impacto" la podrás encontrar en la segunda parte de este artículo. Por lo pronto, si has descubierto una infidelidad, te invito a que reflexiones sobre cuáles son las respuestas con las que has formado las atribuciones (explicaciones), para que puedas después evaluar el nivel de impacto.
REFERENCIAS:

Sutin, Angelina & Costa, Paul & Wethington, Elaine & Eaton, William. (2010). Perceptions of Stressful Life Events as Turning Points Are Associated with Self-rated Health and Psychological Distress. Anxiety, stress, and coping. 23. 479-92. 10.1080/10615800903552015.
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Sobre mí: 

Psicólogo, Sexólogo, Psicopedagogo y Educador Sexual.
¿Por Qué Superar una Infidelidad Parece Imposible? (2a Parte)