¿Qué Fue Primero: el Problema o la Mala Comunicación?
Psic. José Manuel Lomelí  
Tiempo de lectura aproximado:   4 minutos
Una respuesta común que se obtiene cuando se le pregunta a una pareja qué los trae a terapia es: tenemos problemas de comunicación. Acto seguido, cada uno de ellos empieza a describir cuál es (en su opinión) el problema que debe ser atendido. 
 
Dependiendo del grado de respeto que todavía exista en la relación, puede ser que se vayan alternando para dar voz a sus quejas, o bien, terminarán por interrumpirse y arrebatarse la palabra para enfatizar que su punto de vista es “realmente el correcto”.

Esta escena, que suele repetirse con frecuencia en los consultorios de los terapeutas de pareja, da pie a la pregunta que da título a este artículo. ¿Es la mala comunicación consecuencia de un problema que ya existía previamente en la relación, o puede decirse que fue la mala comunicación la que dio origen al problema?

La respuesta a esta pregunta es importante porque influye en las expectativas que la pareja tiene sobre el proceso terapéutico, así como en su nivel de compromiso para asistir a las sesiones. ¿Qué va a hacer el terapeuta? ¿En qué consistirá la terapia? ¿Nos van a enseñar a comunicarnos? ¿Bastará con aprender asertividad para que, tanto el problema como la mala comunicación desaparezcan?

Lo primero que hay que señalar es que estamos acostumbrados a pensar en términos de causa-efecto. Un evento “X” genera una consecuencia “Y”. Así, nuestra mente razona que el suceso que se presente primero será la causa. Sin embargo, esta lógica lineal en poco ayuda a resolver el misterio.

Para responder a nuestra pregunta es necesario aclarar dos cosas:

1. Los problemas en una relación son como los huracanes, van creciendo gradualmente en intensidad cuando las condiciones son propicias. Si las condiciones climatológicas cambian, el huracán se debilitará sin haber alcanzado la máxima categoría.

2. La comunicación es un proceso que también puede verse afectado en distintos niveles. Es decir, hay grados de deterioro en la comunicación, por lo que la llamada “mala comunicación” no es igual en todos los casos.

¿Por qué es importante aclarar esto? Porque la realidad es que los problemas en la relación y la mala comunicación son eventos que se refuerzan mutuamente, esto es, son circulares.



PROBLEMAS Y COMUNICACIÓN ESTÁN INTERRELACIONADOS

Te acuerdas del ciclo del agua que estudiamos en la primaria. ¿Qué fue primero: la lluvia que cae de las nubes o la evaporación del agua en la tierra por efecto del calor? Pues todo depende de en qué punto del tiempo empecemos a observar. Pero la verdad es que, no podríamos explicar la lluvia sin hablar de la evaporación del agua. Tampoco podríamos hablar del agua que se evapora si no tomamos en cuenta la lluvia. Tanto uno como el otro pueden ser causa y efecto según la parte del ciclo que analicemos.

Quizás te preguntes: ¿qué relación tiene el ciclo del agua con los conflictos de pareja? Bueno, por lo regular, las parejas optan por no hablar de un problema pequeño porque esperan que con el tiempo se resuelva o se diluya (especialmente si creen que se debe a circunstancias temporales). Luego, la falta de comunicación hace que el problema vaya empeorando. Cuando el problema crece es cuando se decide que es momento de hablarlo, pero al llegar a este punto, es probable que ya haya cierto grado de enojo acumulado.

El estrés emocional afecta muchas veces la calidad de la comunicación, haciendo que la pareja termine en discusiones frustrantes y agresivas. Nuevamente, la falta de acuerdo genera que el problema crezca, fortaleciendo el círculo vicioso. Por cada “grado” que el problema empeore, la comunicación se dañará también, y viceversa.

Este ciclo puede repetirse ad infinitum si la pareja no hace algo para ponerle un alto. Lamentablemente, las personas suelen buscar ayuda cuando el problema ha alcanzado niveles muy altos de estrés, por lo que ahora en lugar de tener que enfrentar un problema, tendrán que resolver tres:

1. El problema original.
2. La comunicación agresiva y/o la falta de comunicación.
3. Todo el resentimiento que se fue acumulando.

Por todo esto, es común que los terapeutas de pareja incluyan ejercicios o dinámicas donde la pareja aprenda a comunicarse de manera efectiva. Sin embargo, estas estrategias por sí solas no son suficientes para resolver el conflicto. Es también importante entender cuál es el meollo de todo el asunto, es decir, cuál es el origen del antagonismo y la oposición. Por tanto, no te sugiero abandonar tu terapia de pareja sólo porque ya aprendiste algunas buenas estrategias de comunicación.

Ahora, lo mismo aplica en el caso contrario. Enfocarse simplemente en tratar de llegar a acuerdos para desaparecer el conflicto sin tomar en cuenta que la comunicación está francamente deteriorada, tampoco dará resultados satisfactorios. Las diferencias se resuelven mejor hablando, lo cual implica aprender a seguir ciertas reglas para una conversación justa y productiva.


LA MORALEJA DE ESTA HISTORIA

No te rompas la cabeza tratando de encontrar qué fue primero, si el problema en sí o la mala comunicación. Será difícil que puedas rastrear dónde y cuándo empezó todo. Es más importante no dejar que el nivel de estrés, malestar y desgaste emocional lleguen a niveles altos.

Finalmente, la buena noticia de todo esto, es que este círculo vicioso se puede revertir en un círculo virtuoso. Esto quiere decir que mejorando tus estrategias comunicativas estarás facilitando el camino para llegar a buenos acuerdos con tu pareja. Así, la buena comunicación ayuda a que el conflicto no escale a niveles más serios.

De igual forma, lo mismo aplica en sentido inverso, enfocarte en encontrar una solución al problema (en lugar de enfocarte en culpar o criticar a tu pareja), te obligará a tener que usar una comunicación asertiva si es que realmente quieres llegar a un buen acuerdo.
¿Te fueron infiel?
Grupo de Facebook

Sobre mí: 

Psicólogo, Sexólogo, Psicopedagogo y Educador Sexual.